La radio apagada. La escalera flotante. El viento que no puede entrar, me golpea el vidrio. Un cuaderno viejo y un montón de frases se acurrucan en un rincón y no me miran. Las autopistas se derriten y los aviadores escapan.
Del otro lado de la pared las nubes están ocultando el sol, del otro lado de la pared todo es blanco y negro. Del otro lado de la pared hay 3 m2 de cielo azul y una multitud de barcos de papel bajando sus anclas también de papel.
Mi colectivo se fue y no me importó demasiado. La calle está llena de colectivos.
Nada más me queda una lata de sopa Campbell en la mochila, y muchos días por caminar. Mi colectivo se fue, y no me importó demasiado.
Te ví ahí.
Te veo allá.
Te ví acá.
Te veo hasta en la sopa.
En mi anteúltima lata de sopa Campbell, te ví. Nada mas me queda una lata de sopa Campbell en la mochila, y no tantos días por caminar.
Los segundos se amontonan hasta formar montañas de tiempo, quisiera escalar, pero siempre me dieron vértigo las alturas
(A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la trasmigración)
Un segundo, otro segundo, muchos segundos, ¿Cuántos segundos? Muchos segundos.
Haciendo equilibrio en el cuadrillé de tu camisa, me perdí. Nada mas me queda una lata de sopa Campbell en la mochila, y pocos días por caminar.
Un día, otro día, muchos días. ¿Cuantos días? Pocos días. Y una lata de sopa.
La mosca. La sopa. El alpinismo. El colectivo. La escalera flotante. La sopa. La lata. Los segundos. Los primeros. Los días. Los Díaz. Un cuaderno. Otro cuaderno. El viento. Me siento. Reviento. Hambriento. La sopa. Un ancla. El dominó. Él dominó. El cielo azul. Él dominó el cielo azul. La multitud. La trasmigración. La teletransportación. La exportación. La importación. Los barcos de papel. La radio. El cúbito. La sopa. Las frases. Las autopistas. La pared. Los aviadores. El sol. La mochila. La sopa. Campbell. En la mochila, y no más días por caminar.